-¡Papi, estoy contento!, dijo Carlitos, nos compramos un juego nuevo para la compu, que se llama “guerra virtual” y vienen mis amigos a jugar. Tenemos que diseñar dos pueblos, convertirlos en enemigos y luchar hasta el final. En mi equipo están Diego y Raúl y en el contrario Alexis, Ezequiel y el gordo bueno de Agustín.
Ya era muy tarde y todavía se escuchaban los ruidos de las bombas y los misiles, hasta que el silencio se apoderó del hogar de Carlitos y todos se fueron a dormir.A la mañana siguiente los padres notaron que el niño tenía una mirada muy triste y como no quiso desayunar, supusieron que podía estar enfermo.
-¿Te duele algo?, preguntó la mamá.
-No mami, no me duele nada, pero me siento mal por el resultado del juego de anoche…
-¡Seguro que perdiste! dijo el papá.
-Todos perdimos, respondió Carlitos. Habíamos construido dos hermosas ciudades, con plazas, clubes, escuelas y hospitales; armamos puentes para cruzar sobre los ríos y hasta instalamos un aeropuerto; asfaltamos las calles, diseñamos una planta potabilizadora de agua y por último incorporamos los habitantes: abuelos, madres, padres, niños. Pero después de jugar no quedó nada en pie, al final sólo había humo, muertos, destrucción y entonces nos dimos cuenta de todas las cosas horribles que trae la guerra.
El niño, muy emocionado, no pudo hablar más y se puso a llorar desconsoladamente.
-Pero Carlitos, respondió el papá, sólo fue un juego, no te angusties tanto…
-No papá, no fue un juego, fue una visión de la realidad; a diario se destruyen ciudades, ilusiones, esperanzas, vidas humanas, niños inocentes, hasta los animales sufren. Lo que yo siento no es nada comparado con lo que soportan millones de personas todos los días, por eso nunca más jugaremos a la guerra, que es algo tan malo.
-Me parece bien, Carlitos, nosotros queremos verlos contentos y que se entretengan con juegos de niños, sin preocuparse por estas cosas.
-Papi, nosotros no sabíamos qué era la guerra, ahora que lo sabemos, solamente volveremos a sonreír cuando ustedes, los adultos, también dejen de hacer la guerra como si fuera un juego. Entonces, todos, todos los seres del planeta, con la paz como única dueña del mundo, ya no estaremos tristes, seremos felices para siempre.
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